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Cuando estás hasta la madre de la rutina: quizá no te falta energía, te falta algo que te ilusione

3 sept
6 min de lectura

Synesia al amanecer · con Julia Perellón M.


Hay días en los que no quieres levantarte.


No porque quieras desaparecer. No porque necesariamente estés deprimido. Ni siquiera porque hayas dormido mal.


Simplemente estás hasta la madre.


Hasta la madre de levantarte a la misma hora. De resolver problemas. De pagar cuentas. De cumplir horarios. De contestar mensajes. De entregar pendientes. De cocinar, limpiar, trabajar, producir, organizar, atender, cuidar y volver a empezar.


Y llega un momento extraño en el que incluso las cosas que antes hacías sin demasiado esfuerzo comienzan a sentirse pesadas.


Un correo parece una tragedia. Una reunión, un suplicio. Tender la cama requiere una negociación contigo mismo.


Y cuando alguien te dice: “Échale ganas”, dan ganas de aventarle algo.


Porque precisamente ese es el problema: ya no sabes de dónde sacar esas ganas.

Cuando toda la vida se convierte en responsabilidad


Los seres humanos podemos soportar mucho esfuerzo cuando sentimos que ese esfuerzo conduce hacia algún lugar.


Podemos estudiar durante horas si queremos graduarnos. Trabajar intensamente cuando construimos un proyecto que nos emociona. Ahorrar cuando imaginamos un viaje. Entrenar cuando deseamos conseguir algo. Incluso atravesar temporadas difíciles cuando sabemos para qué lo estamos haciendo.


Lo que resulta tremendamente desgastante es vivir dentro de una sucesión interminable de obligaciones sin encontrar algo que nos haga mirar hacia delante con entusiasmo.


Entonces ocurre algo curioso. No necesariamente dejamos de ser responsables. Seguimos funcionando. Nos levantamos. Trabajamos. Cumplimos. Respondemos. Pero lo hacemos como si lleváramos una mochila invisible cada vez más pesada.


La energía comienza a atrofiarse. Y aquello que antes era simplemente trabajo empieza a sentirse como una condena.


No porque seamos flojos. No porque hayamos perdido nuestra capacidad. Sino porque una vida alimentada únicamente por responsabilidades termina quedándose sin oxígeno emocional.

¿Estoy deprimido o simplemente estoy harto?


Conviene hacer una distinción importante. El hastío, el agotamiento, la monotonía y la depresión pueden parecerse desde fuera. En todos ellos podemos sentir poca energía, irritabilidad, desmotivación o ganas de mandar todo bastante lejos. Pero no son exactamente lo mismo.


El hastío suele tener una frase escondida detrás: “Necesito que algo cambie.”


La monotonía dice: “Necesito algo que me despierte.”


El agotamiento dice: “Necesito descansar.”


Y la frustración puede decir: “Estoy haciendo demasiado y recibiendo demasiado poco emocionalmente a cambio.”


La depresión es más compleja. Puede incluir una pérdida persistente del interés o del placer, tristeza profunda, desesperanza, cambios importantes en sueño o apetito, dificultad para funcionar o una sensación de vacío que permanece incluso cuando las circunstancias cambian.


Además, pueden coexistir. Por eso no se trata de autodiagnosticarnos después de leer tres publicaciones en internet. Si el malestar es intenso, persiste durante semanas, interfiere seriamente en tu vida o aparecen pensamientos de hacerte daño, merece una valoración profesional.


Pero también necesitamos dejar de patologizar automáticamente cualquier momento de hartazgo. A veces no estamos enfermos. A veces simplemente estamos terriblemente aburridos de nuestra propia vida. Y eso también merece atención.

La motivación no siempre aparece: a veces hay que fabricarla


Tenemos una idea un poco romántica de la motivación. Esperamos sentirla. Esperamos levantarnos una mañana misteriosamente emocionados. Esperamos que aparezca una señal, una oportunidad, una persona, una inspiración o una epifanía que nos devuelva las ganas.


Y algunas veces sucede. Pero muchas otras no. La motivación también se construye. Se fabrica. Se provoca. Se alimenta.


Para sentir ilusión necesitamos tener algo que anticipar. No tiene que ser gigantesco. No tienes que cambiar de país, renunciar a tu trabajo ni iniciar una vida completamente nueva.


A veces basta con introducir una pequeña ruptura dentro de la repetición: aprender algo, cambiar una ruta, planear una escapada, comenzar un proyecto, recuperar una actividad abandonada, conocer personas, volver a escribir, bailar, crear, mover el cuerpo, tener una cita contigo mismo o hacer algo simplemente porque te gusta y no porque resulte productivo.


Porque aquí aparece otra trampa de la vida adulta: hemos convertido prácticamente todo en utilidad. Hasta el descanso tiene que “servir para algo”. Hasta caminar tiene que quemar calorías. Hasta leer tiene que enseñarnos algo. Hasta nuestras aficiones quieren convertirse en emprendimientos.


¿Qué hago solamente porque me da gusto estar vivo?


Del estado actual al estado deseado

Un ejercicio con Tapping


Vamos a hacer algo práctico. No vamos a obligarnos a sentirnos maravillosos. Tampoco vamos a repetir afirmaciones que nuestro cerebro no se cree. Vamos primero a reconocer dónde estamos. Después veremos hacia dónde queremos movernos.


1. Define tu estado actual


Completa esta frase: “Ahora mismo me siento…”


No escribas lo que deberías sentir. Escribe lo que realmente hay. Quizá sea: “Estoy cansada”, “Estoy aburrido”, “Estoy saturada”, “Estoy irritable”, “Todo me da flojera”, “No tengo ganas de nada” o “Siento que todos los días son iguales”.


Ahora pregúntate: ¿Dónde siento esto en el cuerpo?


Puede aparecer como presión en el pecho, cansancio en los hombros, vacío en el estómago, tensión en la mandíbula o simplemente una sensación general de pesadez. Ponle una intensidad del 0 al 10. No necesitas analizar demasiado. Solo observar.


Primera ronda de Tapping: reconocer lo que hay


Aunque estoy completamente harta de esta rutina y siento que todo se ha vuelto pesado, reconozco cómo me siento en este momento y me permito escucharlo.

  • Inicio de la ceja: Estoy cansada de lo mismo.

  • Lado del ojo: Todos los días parecen iguales.

  • Debajo del ojo: Hay demasiadas responsabilidades.

  • Debajo de la nariz: Y muy pocas cosas que realmente me emocionen.

  • Mentón: Estoy cansada de tener que poder con todo.

  • Clavícula: Una parte de mí simplemente quiere mandar todo al demonio.

  • Debajo del brazo: Estoy cansada de obligarme a tener ganas.

  • Coronilla: Reconozco este cansancio y este hastío.


Respira profundamente. No intentes cambiar nada todavía. Solo observa.


2. Descubre lo que realmente necesitas


Completa: “Si mañana despertara sintiéndome un poco mejor, ¿qué sería diferente?”


Tal vez responderías: “Tendría más energía”, “Me sentiría más ligera”, “Tendría algo que esperar”, “Volvería a sentir curiosidad”, “Querría salir”, “Me sentiría creativa” o “Tendría ganas de hacer cosas”.


Ahí comienza a aparecer tu estado deseado. No escribas “quiero ser feliz”; es demasiado enorme. Busca algo concreto.


Estado actual

Lo que puede estar pidiendo

Estado deseado

Saturación

Espacio y menos exigencia

Ligereza

Apatía

Curiosidad y novedad

Curiosidad

Monotonía

Algo que anticipar

Ilusión


Segunda ronda de Tapping: abrir posibilidades


  • Inicio de la ceja: Quizá no necesito resolver toda mi vida hoy.

  • Lado del ojo: Quizá solo necesito introducir algo diferente.

  • Debajo del ojo: No necesito sentirme increíble.

  • Debajo de la nariz: Solo quiero sentirme un poco más viva.

  • Mentón: Puedo empezar a recuperar mi curiosidad.

  • Clavícula: Puedo permitirme buscar algo que me ilusione.

  • Debajo del brazo: No todo en mi vida tiene que ser responsabilidad.

  • Coronilla: También tengo derecho a disfrutar.


Respira.


Tercera ronda: acercarte al estado deseado


Ahora imagina cómo sería experimentar un poco más de ese estado que elegiste. Si elegiste ilusión, por ejemplo:


  • Inicio de la ceja: Me abro a encontrar algo que me entusiasme.

  • Lado del ojo: No necesito saber todavía qué será.

  • Debajo del ojo: Puedo comenzar explorando.

  • Debajo de la nariz: Puedo volver a sorprenderme.

  • Mentón: Puedo crear pequeños momentos diferentes.

  • Clavícula: Mi vida no tiene que permanecer exactamente como está.

  • Debajo del brazo: Puedo empezar con algo pequeño.

  • Coronilla: Me permito volver a sentir ilusión.


Respira profundamente y vuelve a medir la intensidad de tu estado inicial del 0 al 10. No importa si no desapareció. Si pasó de ocho a seis, ya hubo movimiento.



Ahora viene la parte más importante


El tapping puede ayudarte a bajar la intensidad emocional, observarte y crear un pequeño espacio interior. Pero después necesitamos movimiento.


¿Qué pequeña cosa podría hacer durante las próximas 48 horas que rompa mi rutina?

Solo una. Comprar flores. Ir a otro sitio a tomar café. Caminar por un lugar diferente. Comenzar ese libro. Volver a escuchar música. Planear una escapada. Apuntarte a una clase. Llamar a alguien que te hace reír. Retomar algo que abandonaste. Crear algo absurdo que no produzca dinero, prestigio ni resultados. Simplemente porque te gusta.


¿Qué quiero tener en mi vida que me dé ganas de llegar al próximo mes?

Ahí hay una pista. Porque necesitamos responsabilidades, naturalmente. Pero también necesitamos proyectos, deseos, curiosidad, juego, vínculos, descubrimiento y expectativa.


Necesitamos algo que nos haga pensar: “Quiero ver qué pasa.”


Eso también es salud emocional. No esperes siempre a que la motivación llegue. A veces tendrás que salir a buscarla. A veces tendrás que provocarla. A veces tendrás que construirla con pedacitos diminutos de curiosidad.


Tu reto de las próximas 48 horas


  • ¿Qué necesito sentir un poco más en mi vida?

  • ¿Qué podría romper mi rutina sin desordenar toda mi existencia?

  • ¿Qué acción concreta voy a hacer en las próximas 48 horas?


Quizá no necesites cambiar tu vida completa. Quizá solo necesites recordar que tu existencia no puede reducirse eternamente a cumplir pendientes.

Porque además de sobrevivir, resolver y responsabilizarte… también viniste a vivir.


Julia Perellón M. · Synesia al amanecer

 
 
 

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